La siguiente nota fue enviada por el Sr. Arturo Larrabure, a
la redaccion de @DIN. Se trata de una entrevista a su madre,
esposa del militar capturado por el Ejercito Revolucionario del
Pueblo durante el copamiento al cuartel de Villa Maria, en
Córdoba. El texto fue publicado poco antes del golpe militar en
Argentina por la revista Gente.
ENTREVISTA DE LA SRA. MARIA SUSANA DE SAN MARTÍN DE LARRABURE,
ESPOSA DEL CORONEL LARRABURE, CON LA PERIODISTA RENEE SALAS,
Revista Gente, N° 540, 27 de Noviembre de 1975.

Portada de un
libro sobre su padre publicado por el Sr. Larrabure
“IMPRESIONANTE DOCUMENTO DE NUESTRO TIEMPO”
Habla la viuda del Coronel Larrabure.
Acaso en ese cuaderno pulcro de tapas brillantes, que usted
tiene en sus manos, esté la parte menor de esta historia, la
parte más formal y más conocida.
Ud. recorre ahora las hojas de ese cuaderno, señora de Larrabure:
están las esporádicas cartas que recibió. Están las solicitadas
que Ud. publicó. Esos dolorosos hilos que la ayudaron a sufrir
de pie. Están los recortes de todos los diarios, de todas las
revistas, de todas las cosas, los días y los minutos de esas 372
jornadas de horror.
Está también la carta de su marido que apareció en todos los
diarios el 22 de agosto. Está el comunicado de los profesionales
y técnicos de la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos de
Villa María, Córdoba, donde lo incluyen en la línea de un Savio,
de un Moscón, de todos aquellos militares que impulsaron el
despegue de esta Argentina amada.
En las 200 hojas de ese cuaderno de tapas brillantes usted ha
pegado prolijamente todas las cosas que trajeron a la memoria,
durante más de un año, el caso Larrabure. De pronto, usted
cierra el cuaderno, levanta sus ojos agotados y me dice:
“ Sabe por qué hice todo esto? Porque yo pensaba entregárselo a
él cuando estuviera de vuelta en casa. Yo nunca perdí las
esperanzas. Nunca.”
Sí, en ese cuaderno enorme, de tapas brillantes, sólo está la
historia cronológica de su drama.
Pero la otra, la verdadera, la que ni yo ni nadie podría jamás
medir o comprender, está en su cara, señora. En sus ojos
vencidos. En sus manos de dedos muy finos que tiemblan todavía a
pesar de que Ud. no quiere, a pesar de que Ud. dice que hay que
ser valiente y seguir, porque la vida es siempre un desafío en
el que unos pierden y otros ganan.
A Ud. le tocó perder, señora de Larrabure.
Pero en las cabriolas finales de todo destino usted sabe, usted
presiente en medio de su desgarrante vacío, usted incluso me lo
dijo, que está segura que nada es en vano. Que todo sirve y es
útil.
Y agregó una palabra que yo creí que usted jamás pronunciaría, a
partir de ahora. Usted miró a sus dos hijos, miró su nuevo y
silencioso departamento de Buenos Aires, hizo un balance de las
cosas, las distinciones y los recuerdos, me miró a mí, y
finalmente dijo la palabra FE.
Quizás solamente por eso, por esa única palabra, dicha por
usted, puede significar a mucha gente, es que esta nota que
usted no quiso, que negó durante mucho tiempo por razones que
todos respetamos, tiene sentido.
Este párrafo no es para usted. Por favor, no lo lea. Es para mí
y para los lectores. Para rescatar cosas del olvido. No lo lea.
Le prometí no revolver el pasado, no asomarme a hechos
aberrantes, no recordar detalles que todavía le hacen a usted
mucho daño. No quiero que piense que estoy faltando a mi
promesa.
Para nosotros sí puede resultar útil volver hacia atrás. Para
usted ya no.
Argentino Del Valle Larrabure tendría hoy 43 años. Los cumpli+o
el 6 de junio, en cautiverio. Nació en Tucumán. Fue el séptimo
hijo varón, por eso le pusieron Argentino. En 1959 ingresó a la
Escuela Superior Técnica del Ejército, donde siguió estudios de
ingeniería. En 1965 se recibió de Ingeniero Químico Militar.
Durante dos años perfeccionó su especialidad en el Instituto
Militar de Ingeniería de Brasil. Desde entonces ocupó el cargo
de subdirector y jefe de producción de la Fábrica Militar de
Villa María, Córdoba.
En la madrugada del domingo 11 de agosto de 1974 un grupo
extremista intentó copar la fábrica. Secuestraron al entonces
mayor Argentino del Valle Larrabure, subdirector del lugar.
Desde ese momento – salvo espaciadas y dramáticas cartas a su
familia – nunca más se volvió a saber de él.
En el mediodía del 23 de agosto de 1975 – más de un año desde su
secuestro – un grupo de chicos que jugaba en un baldío de
Rosario, descubrió en un zanjón una enorme bolsa de polietileno
atada con sogas.
Dentro de la bolsa, estaba – congelado, golpeado, deshidratado y
torturado – el cadáver de Argentino del Valle Larrabure, que
había ascendido a teniente coronel durante el cautiverio.
Algún tiempo después – levantado el secreto del sumario judicial
– pudieron conocerse detalles estremecedores de este verdadero
martirologio.
Durante esos 372 penosos y desesperante días, Larrabure fue
obligado a sobrevivir en un precario cajón sin ventilación. Un
hueco de dos metros de alto, 1,10 metro de largo y sólo 60 cm.
de ancho. La humedad del sótano agravó su vieja afección
asmática. Perdió 40 kilos de peso. Para no enloquecer inventaba
crucigramas o fórmulas matemáticas y hasta llegó a escribir
alguna poesía.
En este verdadero infierno a Larrabure no se le ahorró
absolutamente ningún sufrimiento. Alguien dijo que lo que
soportó en esos 372 días puede ser definido como “un catálogo
del horror”.
No obstante , horas antes de morir, el 19 de agosto de 1975,
alguien que ocupaba la celda vecina oyó como, en medio de una
fuerte tos, Larrabure rezaba. Alguien que ocupaba la celda
vecina oyó finalmente como Argentino del Valle Larrabure,
cantaba el Himno Nacional. Después de esto todo fue silencio.
Para siempre.
Su nombre completo, me dijo, es María Susana de San Martín de
Larrabure. También me dijo que es porteña, que tiene 43 años,
como su marido, que él la protegía mucho porque su salud había
sido precaria durante un tiempo.
Usted ahora está sentada en este luminoso living aún sin
cortinas.
Tiene una simple pollera de jean azul, una remera y una cadenita
en el cuello, con la que juega permanentemente mientras habla, a
lo mejor, para darse ánimos. Cuando Alfieri le sugirió la
primera foto, usted pidió unos minutos para arreglarse. Eso nos
gustó a todos, señora de Larrabure. Le gustó a su hija, María
Susana, que tiene 19 años. Le gustó a su hijo, Arturo Cirilo,
que tiene 16. Porque cuando usted regresó al living con su pelo
arreglado, sus lindos claritos, sus labios con un poquito de
color, usted era la imagen de una mujer que no se daba por
vencida a pesar de todo. La imagen de una mujer que no se va a
entregar nunca. Por eso nos gustó.
Ahora ha cambiado su enorme cuaderno de tapas brillantes por un
viejo álbum de fotografías.
En ese álbum todo está en orden, como lo estuvo su vida hasta
esa madrugada del 11 de agosto de 1974. Adelante, las fotos del
casamiento. Algunas fotos tienen gracia, señora, y se lo
comentamos. Usted hasta sonrió, o nos pareció a todos que
sonrió, pero estoy segura que algo cambió en la expresión de sus
ojos. Y también se puso un poco colorada cuando le comentamos lo
“audaces” que eran algunas fotos donde usted se besaba con su
novio.
- Estuvimos tres años de novios. Cuando nos conocimos yo tenía
19 años. El era cadete. La primera vez que nos vimos fue en un
“asalto” en casa de una amiga mía. A mí no me gustaban para nada
los militares. Por eso ni me fijé en él. Pero me empezó a
conquistar con su galantería, su tremendo romanticismo, su gran
generosidad. Era un hombre limpio ¿sabe? Un hombre sano, que
jamás se atrevió a pensar mal de nadie. Se entregaba con alma y
vida a la gente. Le encantaba recibir, organizar fiestas,
preparar grandes comidas, con el temor de que las cosas no
alcanzaran. “¿Te parece Marisú que será suficiente?”, me decía.
Y resulta que al terminar la fiesta la comida servía para el día
siguiente y para el otro día también.
Ahora están todas las fotos de la luna de miel en Mar del Plata.
A él todos le decían “el Vasco”. Usted me lo dijo varias veces,
e incluso así firmaba las pocas cartas que pudo enviarle desde
el cautiverio. A él le decían “el Vasco” y a usted “Marisú”. El
Vasco era fanático de Velez Sarsfield, apasionado por Reutemann
y por Copello. La última vez que jugó al fútbol fue en la tarde
del sábado 10 de agosto de 1974. El Vasco jugaba en la defensa y
su hijo Arturo jugaba en el ataque. También le gustaba cantar.
Hasta llegaron a formar un conjunto que se llamó “El cuarteto de
los 4 L”, porque ese ea el auto que tenían entonces. Su hija
María Susana tocaba la guitarra.
“Mi marido, mi hijo y yo cantábamos. A mí marido le gustaba
especialmente cantar “Luna Tucumana”, “La manogasteña” y
“Gurisito costero”.Tenía buena voz, ¿sabe?. Tenía buena voz.
Recuerdo que durante esos dos años que pasamos viviendo en
Copacabana, en Brasil, no había argentino que llegara allí que
no estuviera al día siguiente en casa tocando la guitarra o
cantando”.
Pero volvamos a su luna de miel. Fotos en la playa, los dos en
traje de baño. Fotos caminando por la Rambla. Humorísticas fotos
posadas al lado del tren que usted le sacó a él y él la usted.
“Nos casamos el 8 de diciembre de 1955 en la Iglesia Castrense.
Después nos fuimos diez días a Mar del Plata. Ahora todo esto
cobra gran importancia para mí. Ni se imagina usted cuántas
veces me detuve en esta o en aquella foto. Me parece mentira que
todo esto no se vuelva a repetir más. Nunca más. El,
precisamente, que era un hombre tan vital, tan estudioso, tan
buen padre, tan excelente marido. En la fábrica de Villa María
había 800 empleados . Todos eran amigos de mi marido. Todos lo
respetaban y lo querían. Nunca conoció el miedo. Cuando los
chicos le hablaban de miedo, él les contestaba:”¿Miedo? ¿Qué es
eso? ¿Cómo lo representan ustedes al miedo? ¿Cómo lo dibujan,
cómo lo simbolizan? No pueden. ¿Saben por qué? Porque el miedo
no existe...” Y después tenía una frase que acostumbraba
repetir: “Cuando el hombre pierde su dignidad, no es más un
hombre”. Estoy segura que fue coherente consigo mismo hasta el
final. Que no se doblegó, no se entregó, que resistió con
tozudez. Estoy segura...
Hace mucho tiempo que usted ya no prestaba importancia al viejo
álbum de fotos, señora de Larrabure. Hace mucho tiempo que
usted, adentro, luchaba entre la impotencia, el dolor, la
injusticia y el sentido cristiano que Argentino del Valle
Larrabure le enseñó. Porque releo, señora, un párrafo de la
carta que su marido le envió el 22 de octubre de 1974: “No bajés
la guardia, Marisita, y seguí adelante. Nita y los chicos te
ayudarán. Podrás continuar conduciendo la familia. (...) No
olviden mi mensaje: Aunque suceda lo peor no deben odiar a
nadie. Devuelvan la bofetada poniendo la otra mejilla...”
Cuando hace un rato yo dije que este mediodía melancólico
estaban aquí solamente usted y sus hijos, no dije toda la
verdad. Porque también estaba, como siempre –ausente pero
haciéndose sentir- Nita. Cuando yo le prgunté a usted quién era
Nita, usted tardó en contestarme. Usted pensó y dudó. Está bien,
la entiendo. A veces las palabras, las denominaciones, no son
justas. Porque decir que Nita es la mucama es empequeñecer una
relación sólida y linda con esta mujer que lleva ya 11 años al
lado suyo, y cuyo hijo de 10, Jorgito, es ahijado de ustedes, y
un poco la debilidad de su marido.
Sí, Larrabure tenía razón. Nita y sus hijos la van a ayudar. Y
muchos más, señora. Sus amigos que ahora la sobreprotegen. Los
compañeros de arma del Vasco que hoy siguen luchando –y también
arriesgando- por los mismos ideales. Y cualquier argentino,
señora, cualquier argentino que hoy opina como usted que la vida
es siempre un desafío en la que unos pierden y otros ganan.
Lo terrible es que no se puede saber cuándo. Ni quién. Ni por
qué.
Acaso por eso esta lucha desigual sea más heroica.
A usted le duele la palabra VIUDA. Usted entiende a la viudez
como un estado difuso en el que el vacío y la responsabilidad le
acechan permanentemente. Para usted esa palabra es una pesada
carga. Usted me dijo:
- Es duro seguir viviendo. Es duro seguir llevando adelante este
hogar. Mi marido tenía una gran autoridad sobre los chicos. Mis
hijos no están en una edad muy fácil. Son muy buenos, pero
tienen 19 y 16 años. Mi marido podía manejarlos sólo con una
mirada. Y hoy se siente en esta casa la ausencia del padre.
Quiero decir, la ausencia física, porque espiritualmente nunca
se fue de acá. Pero creo que hoy más que nunca a mis hijos les
hace falta la autoridad del padre... El les daba buenos
consejos, siempre que ellos se lo pedían. Era un hombre
mentalmente muy joven. Comprendía muy bien los problemas de
estos tiempos, y a la juventud de estos tiempos. Los chicos
siempre tenían una palabra muy de ellos para definir a su padre:
“Es un hombre repiola”. Repiola. Es cierto. El siempre se daba
cuenta cuándo le estaban mintiendo. No los reprendia. Los
escuchaba hasta el final, y después les decía, muy serenamente:
“¿ A papá con eso?”. Y terminaban todos riendo juntos, y los
chicos diciendo la verdad... Sí , es muy duro ahora seguir sola
con una familia, con una casa..., es una prueba durísima la que
Dios me ha dado. Sólo me mantiene en pie la idea de que va a
servir para algo. De que va a tener sentido finalmente... , de
que tanto, sacrificio, tanto dolor, tanto desgarramiento, tanto
tremendo vacío como nadie se puede imaginar, es como una
semilla..., mañana florecerá en paz, en alegría, en tranquilidad
para todos. Y mi marido va a poder ver su obra. Su pequeña
contribución al lado de los otros tantos que cayeron como él.
Porque mi marido, seguro está al lado de Dios, y al lado de los
justos. Al lado de los justos. Él precisamente, que soportó una
incomprensible injusticia..., una injusticia espantosa. Dios me
tiene que ayudar a no odiar...
María Susana trae ahora café. Usted, señora, se levanta y va
hasta su cuarto. Se amuralla en su pudor porque ud. no quiere
llorar delante nuestro. Usted quiere poder ser fuerte. Y lo es.
Sólo que el aprendizaje es largo, señora, es largo y difícil
para todos. Y tal vez esas lágrimas que ud no se permite exhibir
delante nuestro sean una prueba.
- La última vez que lo vimos se había puesto un traje con
chaleco azul marino, una linda camisa nueva blanca con guardas y
una corbata azul y colorada que se la eligió la hija. Es que
íbamos a una fiesta. Una gran fiesta en el casino de oficiales
de Villa Maria, donde despedíamos a los ingenieros que se iban y
dábamos la bienvenida a los que llegaban para trabajar ahí. Mi
marido estaba muy elegante ese sábado. Según el, yo también. Yo
me había puesto un vestido largo de brocato dorado que había
estrenado para la fiesta de los 15 años de Maria Susana. Antes
de salir mi marido le dijo a los chicos:”se va la parejita mas
linda e impactante de toda la fiesta...” les hizo bromas a los
chicos sobre que últimamente salían demasiado, entre las risas
se perfumó con su colonia preferida, Bond Street, y salimos. En
los puños llevaba una gemelos muy antiguos de zafiros y
brillantes que yo heredé de mi padre, Arturo Manuel de San
Martín, un excelente médico de niños. Mi marido era muy amigo de
mi padre. Lo admiraba mucho. Mi padre también murió. Era la
primera vez que mi marido se ponía esos gemelos, tanto era lo
que los cuidaba. Lamentablemente nunca los volví a ver, nunca me
los devolvieron, como tampoco me devolvieron la cadena y la cruz
de oro que llevaba en el cuello y que se la había regalado un
sacerdote de la Universidad Católica donde mi marido daba clases
de química... lo único que me devolvieron fue el anillo de oro
de su promoción como ingeniero militar, ese anillo cuadrado al
que llaman (el raviol), y la alianza. También algunas cosas que
el escribió en el cautiverio. Una poesía, unas formulas
matemáticas...
Nada – salvo sus palabras- parecen habitar, señora, este living
por donde todavía entre el sol. Nada, salvo sus palabras y el
silencio respetuoso de sus hijos. Yo no sé para quién está usted
hablando ahora. Pero es lindo oírla con su voz apagada, su voz
sin resentimientos que recorre hacia atrás el camino que
arribará al último adiós, al último momento de orden de su vida.
- La fiesta, en efecto, fue muy linda. Fue a eso de la 1 de la
madrugada cuando entraron. ¿Usted cree en las ironías? ¿Sí? Pues
¿sabe cuál era la música que estaban pasando en ese momento? La
música de la película “El golpe”...Entraron por dos puertas, a
cara descubierta. La que dirigía la operación era una mujer,
enérgica, decidida. “La fábrica está totalmente copada –nos
dijeron- ; si se quedan quietos no les va a pasar nada. Pero si
se mueven va a ocurrir lo de Azul...” Preguntaron por el
teniente coronel Guardone, director de la fábrica; por el mayor
Larrabure y por el capitán García, otro ingeniero químico. Al
resto nos hicieron tirar al suelo, boca abajo. El soldado que
estaba al lado mío cuerpo a tierra hacía sonar sus botas contra
el suelo. Estaba temblando. Antes de salir mi marido nos dijo,
con increíble presencia de ánimo, “No se muevan. Obedezcan. No
se asusten y hagan todo lo que les dicen...” Fue la última vez
que lo ví. Fue la última vez que lo oí... Después empezó el
calvario... Nos tuvieron una hora cuerpo a tierra y otra hora
nos hicieron sentar. Nos pidieron las llaves de todos los
autos... ; yo pensaba en mis hijos. En Arturo Cirilo, que estaba
en casa con Nita. Pero sobre todo en María Susana, que a esa
hora justamente estaría por llegar del centro de Villa María con
sus amigos. Ella había ido a bailar a una confitería del centro,
que estaba a 8 kilómetros de la fábrica. Y exactamente a las 3
de la mañana llegó. Menos mal que ya en la puerta le explicaron
lo que había pasado. Le vino una crisis nerviosa. Salió
corriendo y gritando: “Papito querido..., papito querido...”
El sol ya casi no entra por los ventanales de este departamento,
señora, y su cuerpo diminuto, frágil, se pierde casi en el
extremo del sillón, muy cerca de mío. Me pide un cigarrillo.
“Estoy fumando demasiado últimamente”, me dice. Pero usted
quiere seguir hablando. A usted, ahora, le hace bien hablar. Por
eso no la interrumpimos.
“Un mes después recibimos la primera carta. Decía septiembre de
1974, pero no el día. Era una carta tan larga, decía que lo
trataban caballerescamente y que su asma estaba bien. Me quedé
un poco más tranquila. La segunda vez que tuvimos noticias de él
fue el 15 de octubre, cumpleaños de María Susana y cumpleaños
también de la mamá de él, Carmen Conde de Larrabure.
En esa carta él se preocupaba mucho por el estado de salud de su
madre. Lamentablemente mi suegra murió pocos días después, el 28
de octubre de 1974. Pero nunca se llegó a enterar de lo que le
había pasado al hijo. En una solicitada que yo publiqué en los
diarios para que él la leyera le informé que su mamá había
muerto sin sufrimiento...La última carta que recibí tiene fecha
12 de julio de 1975, casi un mes antes de su muerte. Esa carta
terminaba así:”Espero encontrarnos pronto”.
Quiere decir que él, como nosotros, no había perdido las
esperanzas. Quizás por eso el final es más incomprensible.”
Ud. ya no llora. Ya no se levanta para refugiarse en el pudor.
Ud. está ganando minuto a minuto ese arduo aprendizaje de mujer
fuerte. De mujer que está aprendiendo a no odiar.
“ Mi marido era un hombre brillante, inteligente, con gran
capacidad para relacionarse con la gente, con los operarios de
la fábrica. El se había especializado mucho en pólvora y
explosivos. Pasaba su vida estudiando. En Brasil se recibió en
Master en Química. Le gustaba mucho también la petroquímica. La
tesis por la cual recibió el doctorado fue: “ Estudio de
nitración de la celulosa utilizando agentes nitrantes no
clásicos”. Le gustaba también la docencia. Los lunes, martes y
miércoles daba clases de química y de química atómica en el
Instituto Gabriela Mistral, de Villa María, un instituto privado
dirigido por hermanas. En Brasil recibió una medalla al mérito y
otra medalla como pacificador. Por eso yo creo que los que lo
secuestraron trataron de sacarle algún secreto, alguna
fórmula...Pero estoy segura de que no lo consiguieron. Que
soportó todo el martirio en silencio. Ahora, a mí me queda por
delante la vida sin él. La vida con mis hijos aquí en Buenos
Aires. A nosotros no nos gusta Buenos Aires. Ya nos habíamos
acostumbrado a la vida tranquila de provincia. En esa vida uno
conoce al que se sienta al lado, al que pasa por la puerta. Pero
me tuve que venir a Buenos Aires y dejar mi linda casa de Villa
María para que la ocupe otro. Me quedaré aquí. Mis hijos están
ubicados en los colegios. Acá tengo hermanas. Y aquí, por lo
tanto aprenderé a vivir la vida sin él. Ahora definitivamente
porque hasta ayer me mantenía la esperanza. Yo nunca perdí la
fe. Le voy a decir algo: yo sufrí más durante el cautiverio que
cuando me enteré de su muerte. No sé si podrá entenderme. Pero
cuando me enteré de su muerte y de todo lo que había sufrido
hasta su muerte...sentí algo parecido al alivio...No sé si podrá
entenderme...sentí que él no sufría más, que ya estaba por fin
al lado de Dios, al lado de los justos. Que su misión había
terminado. Que ahora sí comenzaba la mía. La misión de aprender
a vivir sin él, de vivir para mis hijos, mañana para mis nietos;
quizás la misión de muchas mujeres en distintos puntos del
mundo, sólo que, le juro, es bastante difícil seguir de pie
cuando le toca a uno...”
Ahora que no estoy más en su casa, señora de Larrabure, ahora
que estoy por terminar esta nota y que tengo al lado mío algunas
cosas muy valiosas, algunas cosas irreemplazables de su marido
que usted me confió, quiero decirle que sé lo que va a hacer
usted cuando aparezca esta nota. Usted va a corre hasta el
cuaderno pulcro, de tapas brillantes, lo va a abrir en las
últimas páginas vacías que quedan y va a pegar prolijamente este
intento mío por describirla. Por favor, no lo haga. Tome otro
cuaderno, escriba en la tapamuy grande, MARIA SUSANA DE SAN
MARTÍN DE LARRABURE, y pegue , sí, este desordenado trabajo.
A lo mejor va a ser el único. Tal vez ésta es la primera y la
última nota que aparece sobre usted. Pero en las hojas en blanco
que quedan va a tener lugar para anotar día a día, minuto a
minuto, lo que siente entre dolor y tanteos, una mujer que está
aprendiendo a vivir sola.
Aprendiendo a vivir sola y ser fuerte.
No lo olvide.
DETRÁS DE LA ESCENA
No es fácil. No es fácil golpear la puerta de la casa donde
vivió, amó y fue feliz un hombre que de pronto fue arrancado de
esa casa, de al lado de su mujer y de sus hijos, encerrado,
torturado y asesinado después de un calvario que duró un año.
Varias veces tocamos en la revista el caso del mayor Argentino
del Valle Larrabure. Y ahora llegó el momento de golpear la
puerta de su casa. No es fácil tampoco describir los
sentimientos de Renee Sallas y del fotógrafo Ricardo Alfieri
frente a esa puerta, delante de la viuda de Larrabure, delante
de los hijos de Larrabure. Sin embargo, cuando los protagonistas
de una tragedia mantienen viva la fe, la dignidad, el coraje,
las cosas se hacen milagrosamente más sencillas. La reiteración
del tema – que no nos preocupa, porque ese tema nos duele
todavía y nos dolerá siempre – nos permitió justamente ese
descubrimiento: comprender que esa mujer y sus hijos siguen
adelante, que la vida continúa para ellos, que están golpeados,
pero no derrotados. Es difícil golpear ciertas puertas, sí. Pero
vale la pena golpearlas más de una vez. Porque detrás suele
haber un ejemplo que nos sirve a todos.
Reseña historica
Según Wikipedia, los sucesos de Villa María ocurrieron como
sigue:
Antecedentes
Corría el año 1974 y el ERP planeó el ataque simultáneo a dos
blancos militares, uno era la Fabrica Militar de Pólvora y
Explosivos, próxima a la localidad cordobesa de Villa María ,
que sería conocido como el Copamiento de la Fábrica Militar de
Villa María y el otro el Regimiento 17 de Infantería
Aerotransportada en San Fernando del Valle de Catamarca, donde
se produciria la Masacre de Capilla del Rosario. El objetivo de
ambas operaciones era la obtención de armamento.
Acciones
El sabado 10 de agosto, a las 21:30, seis integrantes de la
compañia "Decididos de Cordoba" entraron a "Pasatiempo" un hotel
alojamiento cercano a la Fabrica Militar de Polvora y
Explosivos. Los guerrilleros redujeron al personal del hotel y a
las parejas que se encontraban en el lugar. El resto de la
compañia del ERP llego en autos y camiones.
A las 23:30, Juan Eliseo Ledesma, el guerrillero a cargo de la
operacion, ordeno el asalto al cuartel. un total de 60
guerrilleros iniciaron el asalto, tomando sin realizar combates
los puestos de vigilancia 1 y 2.
Las escuadras del grupo de recoleccion se desplegaron hacia las
tres compañias del lugar, para copar sus salas de armamentos.
Reduciendo dos de ellas, pero la tercera (cercana al puesto de
vigilancia 3) resistio el ataque. Por el puesto de vigilancia 1
ingresaron varios vehiculos del ERP para cargar el botin.
Otro grupo asalto el Casino de Oficiales, alli fue apresado el
subdirector de la fabrica, mayor Julio del Valle Larrabure.
Dos moviles policiales de Villa Maria se aproximaron al hotel
"Pasatiempo", tras haber sido puestos en conocimiento de los
sucesos extraños que sucedian alli por una pareja que logro
escapar. Los guerrilleros que se encontraban en el hotel los
recibieron a tiros. Los policias, pensando que se trataban de
simples ladrones se retiraron en busca de refuerzos. Uno de los
moviles se dirigio hacia Villa Maria y el otro hacia el cuartel.
Este movil fue recibido en el cuartel con fuego de ametralladora
realizado por los irregulares y los policias terminaron
rindiendose.
Alrededor de la 1:30 llegaron varios patrulleros policiales.
Aproximadamente 12 efectivos intentaron ingresar al hotel,
realizando ademas disparos de rafagas de ametralladora para
intimarlos a rendirse. El fuego no fue respondido por los
guerrilleros desde el hotel.
En ese momento, los equipos que habian copado la Fabrica Militar
empezaron a retirarse de la unidad. Con cinco automoviles
pertenecientes a oficiales del ejercito, volvieron al hotel. La
policia, tomada por sorpresa, ceso el ataque.
La retirada de los irregulares se produjo por caminos vecinales
para evitar cualquier posible corte de ruta.
Resultado
Como resultado del Copamiento de la Fabrica Militar los
guerrilleros secuestraron: aproximadamente 100 FAL, 10
ametralladoras Madsen, 4 MAG, 60 pistolas ametralladoras
PAM-M3A1 y cajones de municion entre otros armamentos.
Lamentablemente para la guerrilla todo este material no podria
ser usado por ellos debido a que el Ejercito lo encontro durante
un rastrillaje realizado en Tucuman.
En lo relativo a los combates los resultados fueron los
siguientes:
4 militares heridos (2 de ellos de suma gravedad).
El capitan del Ejercito Adolfo Garcia, con un escopetazo en el
abdomen al resistir su captura.
3 policias heridos al momento de regresar los guerrilleros
provenientes del cuartel hacia el hotel (uno de ellos moriria al
poco tiempo).
1 guerrillero herido gravemente dentro del cuartel (luego
falleceria por las heridas recibidas).
1 guerrillero herido gravemente en el hotel (luego falleceria
por las heridas recibidas).
Despues de permanecer 8 meses en la "carcel del pueblo" y
negandose a colaborar con la guerrilla en la fabricacion de
armamento, el mayor Larrabure se suicido estrangulandose con un
cordel. El Comando del Ejercito aprovecho esta situacion para
desprestigiar al ERP diciendo que durante su detencion el mayor
habia sido sometido a torturas. El ERP respondio de inmediato:
"Acostumbrado a torturar y fusilar a todo combatiente que cae en
sus manos, el Ejercito quiere justificar su miserable actitud
atribuyendo falsamente a los revolucionarios los mismos metodos
que el utiliza."
http://es.wikipedia.org/wiki/Copamiento_de_la_Fabrica_militar_de_Villa_Maria
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